Definitivamente este año tenemos la suerte de un
"quebrao" (si nos caemos de espaldas se nos quiebra el pijo). Para un partido que el
Efesé parece que hace las cosas medio bien y puede hacerse acreedor a una victoria -que hubiera supuesto un espaldarazo moral para la hinchada teniendo en cuenta el resto de resultados- y viene el árbitro y suspende el partido.
Siendo triste, no es lo peor. Lo peor es que la hinchada blanquinegra ha sido noticia a nivel nacional por su presunto salvajismo al no dudar en agredir al trío arbitral cuando éste estaba pitando en contra de sus intereses. O al menos eso es lo que ha trascendido fuera de Cartagena gracias a la inestimable colaboración de algunos
corresponsales que afirmaron, sin sonrojo, que el asistente de
Pino Zamorano sangraba abundantemente a consecuencia del impacto de la piedra lanzada por algún desalmado.
De nada servirá alegar que del desalmado no hay ni rastro (ni el público ni la policía vieron agresor alguno por ningún lado). Ni que ésta es la bendita hora en la que el arma del crimen -sea una piedra o un avión de papel- aún no ha aparecido. Ni siquiera que Pino Zamorano es un árbitro muy particular, con deudas pendientes con el Cartagena que, desde su llegada al estadio, se mostró demasiado nervioso y condicionado por el ambiente. El hecho es que lo que ha sucedido está muy claro para el lector del Marca corriente y moliente: la afición del
Efesé está anclada en el paleolítico, no sabe perder y merece ser ajusticiada en la hoguera.
En fin, lo sucedido en el Cartagonova fue todo muy extraño. Comprendo a quienes duden que un árbitro o un asistente puedan inventarse una agresión. En realidad no tiene ni pies ni cabeza y, a decir verdad, tampoco creo que fuera exactamente así.
A mi parecer, Pino Zamorano vino nervioso en todo momento. La grada le silbó desde el primer minuto y su arbitraje estaba siendo pésimo para ambos equipos. Al contrario de lo que opinan muchos, no creo que estuviera perjudicando especialmente al Cartagena salvo por la cesión no señalada a
Sergio. Eso sí, cuando en la primera mitad paró el partido por un botellín vacío que cayó en la banda de preferencia, evidenció cierta vulnerabilidad por el entorno que, al final, acabó pasándole factura.
Cuando en la segunda mitad, el línea de la banda de tribuna se tragó un fuera de juego clamoroso, las críticas arreciaron contra él. En la propia carrera que se pegó para seguir la jugada acabó cayendo al suelo y, muy probablemente, se dio en la cabeza con el banderín o vaya usted a saber con qué. Desorientado se levantó y al ver que tenía una pequeña herida se lo comunicó a Pino Zamorano quien, infiriendo que había sido víctima de una agresión por parte de la grada que segundos antes bramaba contra él, resolvió suspender el partido de manera inmediata. Máxime teniendo en cuenta que ya había advertido al delegado en el primer tiempo. Una vez montado el circo, y pese a que no estaba claro cómo se había producido la herida y ésta no revestía gravedad alguna, lo llevó hasta sus últimas consecuencias.
Así pues, no creo que existiera exactamente una predisposición de Pino Zamorano a montar el pollo. Más bien lo uno fue llevando a lo otro y al final fue víctima de su propio personaje. Por otro lado, tampoco creo que se produjera agresión alguna desde la grada. No hay agresor, no hay objeto alguno... muy raro todo. Surrealista.
Lo que sí hay es un Cartagena que sigue a ocho puntos de la salvación, con un partido menos, y que esta semana visita Elche, campo propicio para sacar algo positivo después de que hayan cesado a
Bordalás y de que el
Efesé haya experimentado cierta mejoría. Yo tengo poca fe en la salvación pero, desde luego, después de lo del sábado, tengo claro que aún nos queda alguna historia interesante que contar de aquí a final de temporada. A ver qué pasa.