Al concluir el partido las lágrimas se advertían en alguno de los redactores de
Nosoloefese, un
medio
amateur que ha jugado a ser profesional y que, por momentos, creo yo,
ha conseguido serlo. No es que hubiera ocurrido algo inesperado. Tampoco que la derrota
frente al eterno rival doliese más que otras o que los gritos -atronadores- de todo un estadio
mandándonos
"a Segunda B" nos causaran un especial bochorno. Tenemos el culo pelado,
sabemos de qué va esto y, bien mirado, incluso tiene su punto saber que el fracaso de uno es
importante para tanta gente.
No, lo que hacía que los redactores de Nosoloefese nos miráramos los unos a los otros con los
ojos vidriosos y tuviéramos que hacer de tripas de corazón para ir a entrevistar jugadores no era
nada de eso. Lo verdaderamente doloroso, lo que nos tenía partida el alma, era la sensación de
que, después de todo, habíamos fracasado en nuestro desesperado intento de salvar al
Efesé de su retorno a las tinieblas.
Puede parecer pretencioso, incluso inapropiado, que un medio de comunicación -máxime uno
tan modesto como éste- pretendiese influir en el devenir de un club de fútbol e intentar
evitar lo inevitable. Al fin y al cabo, los
que juegan son los jugadores y nosotros -perdón por el topicazo- ni fallamos goles, ni fichamos
futbolistas, ni despedimos entrenadores válidos para contratar directores deportivos
incompetentes. Pero todo influye, todo puede sumar y restar, y aquí siempre hemos sostenido la
tesis de que, desde el entorno, a través de una crítica madura y un apoyo incondicional al
Cartagena, se podía hacer el bien para el
Efesé. Y digo bien,
para el Efesé; no para unos
jugadores que mañana estarán en otros equipos, un Presidente que un día venderá el club, ni
una parte de la afición cuyo cariño por el escudo depende de la categoría por la que éste se
pasee.
Por este motivo, desde Nosoloefese siempre hemos llevado una línea editorial cargada de
opinión que no siempre ha gustado a todos. Es más, ha gustado a muy poca gente. Hemos huido del
periodismo de bufanda (que se
postra de hinojos ante el amo), tanto como de algunas primicias que, aunque hubieran supuesto
marcarse un tanto profesional, entendíamos que podían perjudicar al
Efesé. Conjugar ambas
cosas ha sido harto complicado a veces y yo, lo reconozco, he caido a veces en un dogmatismo algo antipático para mucha gente. Lo siento.
Pero ya todo da igual porque el paciente, después de todo, se nos ha acabado muriendo. De nada
han valido nuestros esfuerzos por sostener un árbol que muchos se han empeñado en talar y que, al final, ha acabado cayéndonos justo encima. Hemos intentado taponar con las manos una herida por la que la sangre salía a borbotones... ha sido imposible. Desde
aquí denunciamos que prescindir de
Juan Ignacio era el camino más directo al
suicidio en un
club tan poco interesado en crecer a nivel estructural. Desde
aquí defendimos que el fichaje de
Quirantes como director deportivo de la entidad nos llevaría, más pronto que tarde, por el despeñadero. Desde aquí advertimos que el objetivo de este año
debía ser la permanencia y no
ascender sin ni siquiera play off, en un vano intento por detener el exceso de euforia -fomentado desde el propio club- que se estaba desatando en el entorno.
Pero, sobre todo, desde aquí hemos venido denunciando, una y otra vez, el modo en el que se dirige el club en los últimos años, con la aquiescencia de una
afición sumisa, que siempre renunció a su papel de contrapeso, con tal de tener
pan y circo todos los fines de semana. Mucho más interesada en tener fútbol de Segunda que en sentirse del
Efesé y engrandecerlo.
Por eso digo que hemos fracasado. No es que esperáramos que el Presidente fuera a hacernos caso en todo lo que dijéramos y cambiar, de repente, su modo de actuar. Pero sí llegamos a creer, ingenuamente, que tal vez podíamos influir lo suficiente en una parte de la masa social para que ésta despertara, actuara y condicionara mínimamente algunos de los comportamientos de
Paco Gómez. Nos equivocamos. Y lo triste es que nunca sabremos qué hubiera sucedido si el propietario del club hubiera encontrado mucha más oposición en la grada a la hora de tomar muchas de las decisiones que han acabado
enterrando a nuestro
Efesé. Muy probablemente hubiera hecho lo mismo -la cabra tira al monte- pero, al menos, todo el mundo hubiera tenido la conciencia tranquila.
Por si fuera poco, nuestro afán por remover conciencias ha conseguido que nos
quememos, nos ganemos antipatías y, de hecho, tengamos pendiente alguna denuncia en el juzgado; lo cual, si el digital ofreciera dividendos, podría tener un pase, pero no siendo así, invita -seriamente- a replantearse muchas cosas en el futuro.
Tal vez sea lo mejor. Para el
Efesé y para nosotros. Así, la próxima vez, nuestras lágrimas, las de todo el equipo de Nosoloefese, serán las de aficionados normales que, simplemente, están tristes porque su equipo ha bajado. No la consecuencia de un dolor tan profundo tras habernos dejado el alma en el camino.