Me resulta complicado vender optimismo en las actuales circunstancias. Seguramente que a ti
también te resulte difícil comprarlo. Con su actuación frente al CD Guadalajara, el
Efesé nos
dejó a todos la sensación de cadáver andante; sin juego, sin ideas y sin esa pizca de suerte que,
a otros equipos, les sirve para salir del apuro en un momento determinado. Al Cartagena ni eso.
Tampoco ayuda demasiado el sentimiento de culpa que embarga a la mayoría. Tal vez haya
alguno que siga pensando que la afición no tiene responsabilidad alguna y que ésta puede seguir
compareciendo alegremente, con el himen intacto, alegando que los aficionados no fichan
entrenadores, ni directores deportivos, ni fallan ocasiones clamorosas de gol... Yo, en cambio,
sostengo que en el inconsciente colectivo sigue pesando cierto cargo de conciencia. La
sensación de que, en el fondo, nos merecemos lo que nos está pasando ya que, en su conjunto
-y con honrosas excepciones- no hemos sabido valorar lo que teníamos. Al menos yo me
acuerdo todos los días de la ignominia del
día del Girona la temporada pasada con el 80% del
graderío arremetiendo contra los jugadores y contra el entrenador porque "sólo" ganaban al
Girona 1-0 yendo octavos. Ahora nos daríamos todos con un canto en los dientes. ¿O no?
Todo ese ambiente fue el que terminó de convencer al zote de nuestro Presidente de que lo
mejor era romper la baraja y pegarse un tiro en el pie, aunque lo que sangre sea hoy nuestro
corazón. Director Deportivo nuevo, malo y bocazas. Limpia total y ruina. La afición, aunque lo
populista sea decir que es muy buena y que apoya mucho, fue colaboradora necesaria para
llegar donde estamos ahora. Y el que no lo vea, lo siento, pero tiene un serio problema de distorsión de la realidad.
Pero en fin, no pretendía yo irme por la rama de las culpas. Lo pasado pasado está. El motivo por
el que me he decidido a escribir hoy estas líneas era otro bien distinto. Lo que pasa es que la
sensación de impotencia y rabia que siento, al asistir a la demolición (no controlada) de nuestro
querido
Efesé por culpa de la estulticia general, hacen que mi naturaleza se rebele y sienta la
tentación de liarme la manta a la cabeza, poner a cada uno en su sitio y acabar con el colmillo
(o la pluma) chorreando sangre.
No, lo que yo pretendía ya que, al menos hoy, me siento incapaz de vender optimismo y me niego
rotundamente a aliarme con el catastrofismo, era pregonar cartagenerismo. Y es que, en medio
de toda esta vorágine, de todo este caos, la mayoría olvida que, independientemente de dónde
se encuentre el Cartagena el próximo año, lo importante sigue siendo ser del
Efesé. Es más,
pienso que si todos tuviéramos claro este extremo, no habría tanto miedo a un hipotético
descenso. Nos jodería, sí. Está por ver una afición a la que le guste que su equipo pierda y
descienda de categoría. Pero tendríamos claro que con nuestra masa social, sería cuestión de
tiempo volver a Segunda.
Por tanto ¿cuál es realmente el problema? ¿Por qué tanto miedo a bajar? Porque, en el fondo, y aunque de cara a la
galería quede muy bien decir que la afición es lo mejor del
Efesé (imagínate cómo debe ser lo demás) todos albergamos la sospecha
de que ésto está cogido con alfileres y de que si el club bajara a Segunda B la desbandada sería
generalizada, lo que comprometería -y muy seriamente- la propia supervivencia del club. Esa es
la madre del cordero. Por mucho que se intente aparentar normalidad,
el problema de la afición
del FC Cartagena es de autoestima. Se sabe tan mediocre que tiene miedo. De ahí que tienda a
idolatrar al primero que llega aquí y hace lo normal -que es pagar- a pesar de que su gestión no
haya por donde cogerla o deje la imagen del club a la altura del betún cada vez que habla.
Por eso yo te digo: no tengas miedo. Deja de ser su esclavo. Líbérate de sus cadenas y
comprobarás como te invade una increible sensación de libertad. Decía
John Huston que
"Lo
malo, cuando sucede, no es ni la mitad de malo de lo que uno se esperaba" ¿Y qué si bajamos a
segunda b? ¿Y qué si se va
Paco Gómez? ¿Acaso no somos el Cartagena? ¿Acaso no somos el
Efesé? El día que la afición del Cartagena recupere su autoestima, recuperará también su
dignidad y nadie podrá pisotearla ni domesticarla a cambio de unas migajas. Ese día seremos
más fuertes.
Ayer me decía un compañero de la prensa -cuyo nombre omitiré por caridad cristiana y porque
estoy seguro de que no lo decía del todo en serio- que este año no irá a Nueva Condomina cuando juegue el Cartagena.
"¿Para qué? ¿Para que me salga una úlcera? Allí nos están esperando para humillarnos,
cantarnos lo de a Segunda B y montar una fiesta a nuestra costa. Mi cuerpo no lo resistiría".
Yo, aunque el Cartagena pierda todos los partidos que le restan de aquí al partido con el Murcia
estaré en Nueva Condomina, como estaré esta semana en Alcoy. No sé si estaré en la cabina o
en la grada pero estaré. Aguantaré gustoso el chaparrón; los cientos de improperios que
escucharé, el cachondeo general y los goles del eterno rival -si es que éstos se producen- en la
firme convicción de que estoy haciendo lo que debo, que es no dejar solo al equipo del que, por
suerte o por desgracia, y aún a riesgo de parecer sensiblero,
llevo en mi corazón. Lo fácil era ir a NC yendo líder y jugando como los ángeles. Entoces fuimos 8,000. Lo difícil es ir ahora pero, precisamente por eso, es cuando tiene más valor. Si los que de verdad queremos a este club lo
abandonamos a su suerte y nos borramos cuando hay problemas, no esperemos que vayan a
defenderlo un puñado de futbolistas, la mayoría de los cuales está pensando en el año que
viene, ni un propietario que ya medita cómo quitárselo de encima.
Todo esto me lleva a otra cuestión sobre la que tenía pensado escribir un día de estos.
Los
personalismos. En este puñetero club los nombres propios tienen demasiado peso. Siempre
estamos hablando de Paco Gómez, de
Quirantes, de
Víctor, de
JIM... La institución, el
Efesé,
tiene muy poca fuerza y siempre queda en segundo plano al lado de todos ellos. Y no debería ser
así. En otras ciudades no es así. El Cartagena no puede ser una especie de espíritu errante que
vaga por las oficinas del estadio sin que nadie le haga ni puto caso, eclipsado por su
Presidente o por su delantero centro. El Cartagena es lo más importante en toda esta historia y si
los aficionados no entienden que eso conlleva, muchas veces, pasar vergüenza en campos rivales o
criticar al que pone los euros, difícilmente nos respetarán en ningún sitio.
Difícilmente seremos algo algún día.
Por eso, te digo, no tengas miedo. Siéntete orgulloso de ser del
Efesé y haz lo que creas que es
mejor para el Club. Critica a quien tengas que criticar, aplaude a quien creas que debas
aplaudir, pero que no te condicione nunca el miedo a qué pasaría si un Presidente se va o si el
equipo desciende de categoría. Cuando una puerta se cierra otra se abre y, de todas formas, al
Efesé siempre le quedarás tú, y eso es lo realmente importante.
Tal vez, si todo el mundo se libera de ese miedo que nos atenaza aún estemos a tiempo de salvar la categoría. Quince partidos son un mundo y sólo tres puntos separan a este equipo de la permanencia. Además del compromiso y el acierto de los futbolistas, sólo hace falta que todos tengamos un poco de Fe. Si lo logramos, aunque perdamos, seremos invencibles.